La quinta cruzada (1217-1221), dirigida contra Egipto por el señor francés Juan de Brienne y el rey de Hungría, no dio ningún resultado.
La sexta cruzada (1228-1229), o cruzada del emperador Federico II, ofrece la particularidad de que el jefe de la expedición estaba excomulgado y que, en vez de atacar a los musulmanes, negoció con ellos, y obtuvo que los peregrinos pudiesen ir libremente a Jerusalén.
Las séptima (1248-1254) y la octava cruzadas (1270) fueron las de San Luís. La séptima cruzada, que tenía por objetivo Egipto, centro de un poderoso estado musulmán, principió brillantemente con la toma de Damieta. Pero los cruzados, sorprendidos por la crecida del Nilo, diezmados por una epidemia mortal, y al mismo tiempo atacados por los musulmanes, se vieron en el caso de rendirse. San Luis no obtuvo la libertad de sus caballeros sino a precio de enorme rescate y su propia libertad mediante el abandonó de Damieta.
La octava cruzada o cruzada de Túnez (1270) se terminó por la muerte de San Luis, atacado de la peste delante de las murallas de la plaza. Esta fue la última cruzada.
De todas estas cruzadas, la que más interesa y tiene más
importancia es la primera, ya en razón del entusiasmo que
Provocó, ya porque fueron numerosos los que en ella tomaron
parte, ya porque fue la única que alcanzó el objeto perseguido,
cual fue la conquista de Jerusalén.
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LA HISTORIA Y SUS PROTAGONISTAS: GRECIA, ROMA Y LA EDAD MEDIA |
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