Como reyes de los reyes francos, a los merovingios les cupo muy poca autoridad sobre aquellos indisciplinados súbditos el poder dependía sobre todo del vigor de la mano que tenía las riendas. Los guerreros más adictos, a quienes llamaba sus leudes, es decir, su gente, no les servían sino con la mira puesta en el saqueo en el botín.
En 532, Thierry, hijo de Clodoveo, por no haber querido marchar con sus hermanas contra los burgundios, hubo de oír la declaración siguiente que le hicieron sus leudes « Si no quieres ir con tus hermanos, te abandonaremos y les seguiremos en vez de permanecer contigo. » Thierry, para que continuaran siéndole adictos tuvo que Conducirlos al Pillaje de su parte de Aquitania, o sea Auvernia.
Cuando no había países a donde ir a saquear, los reyes daban a sus leudes, para conservarlos al lado suyo, alguna parte de sus haciendas; este género de dádivas se llamaba beneficio. Esos beneficios eran amovibles, es decir, que el leude que lo gozaba podía ser removido de él en el caso de haber faltado a su servicio. Pero, en 587, por el tratado de Andelot, los leudes hicieron proclamar que los beneficios serian vitalicios, esto es, que debían durar hasta el fin de la vida del beneficiario. En esa forma, los reyes merovingios fueron despojándose poco a poco de todos sus bienes hasta que no habiendo más predios susceptibles de ser concedidos, desaparecieron los servidores, y los monarcas dadivosos fueron reemplazados por los carolingios.
Como reyes de los galoromanos, rodeados de acaudalados súbditos, los merovingios conocieron la organización imperial y procuraron imitarla. Se adornaron con títulos pomposos, se denominaron augustos, y tuvieron, como los emperadores, un palacio, es decir un conjunto de personas que les servían y estaban considerados como empleados del estado: tesoreros, camareros, refrendarios y condes palaciegos. Uno de estos personajes, el mayordomo de palacio, simple intendente al principio, debía terminar siendo el verdadero rey.
Aunque los
merovingios empleaban, para encabezar sus escritos, las fórmulas
imperiales: << Queremos y ordenamos, >> en realidad, el poder de
estos reyes era casi nulo. No lograban hacer que se pagaran los
impuestos establecidos antiguamente por los emperadores. Sus
reinos fueron divididos en ciudades, como antiguamente el
imperio, y los condes administraban en nombre de ellos. Empero,
bajo el reinado de Clotario II, en 614, los leudes y los
obispos, en virtud de la constitución perpetua,
impusieron a los reyes la obligación de escoger el conde entre
los grandes propietarios de la ciudad exclusivamente; así, el
que este funcionario, resultara ser en breve tiempo mucho más
rey que el rey mismo.
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LA HISTORIA Y SUS PROTAGONISTAS: GRECIA, ROMA Y LA EDAD MEDIA |
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