Los árabes eran de raza blanca; pertenecían a la rama semítica y tenían cercano parentesco con los hebreos. Se llamaban descendientes de Ismael, hijo de Abrahán y de Agar. En ellos había una mezcla singular de salvajismo y de instintos caballerescos. Estaba permitido enterrar vivas las niñas al nacer, porque el nacimiento de una niña era y es aún considerado una desgracia entre aquella gente. En el combate, por el contrario, se veían árabes tender una lanza a su adversario desarmado. Respetaban religiosamente las leyes de la hospitalidad y la palabra dada.
Eran bravos, muy
aficionados a la guerra y al pillaje y apreciaban los encantos
de la poesía en grado tal, que, como los griegos en Olimpia,
tenían certámenes poéticos anuales, durante los cuales había
suspensión de armas, cualquiera que fuese la guerra en que
estuviesen empeñadas.
Entre ellos, como entre todos los pueblos primitivos, los nexos de familia eran muy tenaces: la injuria hecha a uno debía ser vengada por todos, y la vendetta era cosa corriente, como entre los germanos.
LA KAABA: Los árabes no formaban un estado. Estaban divididos en tribus independientes, unas sedentarias, otras nómadas. Sin embargo, entre esas tribus existía un lazo, y éste era el santuario común, que ellos doman Kaaba.
La Kaaba está erigida en una garganta del
Hedjaz, a unos noventa kilómetros del mar Rojo. Es un
edificio cúbico de 9 metros de alto, por 12 de ancha, cubierto
hoy con un paño negro, de seda, y que se alza en medio de una
gran plaza rodeada dé pórticos. Contiene una fuente y una piedra
negra actualmente engastada esta última en un disco de plata y
colocada en un ángulo del muro.
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LA HISTORIA Y SUS PROTAGONISTAS: GRECIA, ROMA Y LA EDAD MEDIA |
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