Los normandos fueron intrépidos marinos. En barcas sin puente y
de veinticinco metros de largo a lo más, se atrevían a navegar
en el mar del Norte, uno de los peores de Europa. La proa de
esas grandes chalupas se terminaba por una punta aguda o por una
cabeza de animal fantástico; llevaban un mástil, navegaban a
vela o a remo y podían embarcar de sesenta a setenta y cinco
hombres, de las cuales treinta eran remeros.
En tierra eran excelentes soldados. Ocultos durante el día en algún ancón sorprendían, a la caída de la noche, el pueblo más inmediato. Con los caballos que encontraban, improvisaban una caballería, y de esta manera podían recorrer largas distancias, atacar súbitamente y entregarse a verdaderos saqueos. La instantaneidad de su llegada aterraba a los pueblos y paralizaba la defensa. Pasaban saqueando e incendiando cuanto encontraban, y, después, volvían a sus embarcaciones para ir más lejos a hacer nuevos pillajes.
Al principio, terminada la expedición, o, como ellos decían, « la cosecha del verano a, y, los barcos cargados de botín, los normandos regresaban a su país; pero después, osando más, ocuparon islas o puntos que podían fortificar y defender fácilmente en las embocaduras de los ríos, construyeron campos atrincherados y se establecieron de manera permanente en los países que devastaban.
ESTABLECIMIENTO DE LOS NORMANDOS EN FRANCIA: En el año 911 ya estaban establecidos en la desembocadura del Sena más de veinte mil normandos. Su jefe Rolón se había apoderado de Ruán y, de hecho, era dueño del curso inferior del Sena y de la mayor parte del país, desde la península del Cotentin hasta muy cerca del Soma. El rey Carlos el Simple, pacto de Carlos el Calvo ofreció a Rolón darle el expresado territorio, el titulo de duque, y su hija en matrimonio, con la condición de que se convirtiera al cristianismo y reconociera al rey de Francia como soberano. Rolón aceptó.
Los normandos fueron desde entonces a
establecerse pacíficamente en el país cedido a Rolón y que tomó
el nombre de sus conquistadores: Normandía. Se
convirtieron al cristianismo y no tardaron en olvidar la lengua
de su primera patria. Aunque ya franceses conservaron su
carácter original, su genio emprendedor y el gusto de las
aventuras, de las expediciones lejanas. Poco tiempo después,
debían conquistar a Inglaterra, a Sicilia y el sur de Italia, y,
en la época de las Cruzadas, representar papel
importantísimo en oriente.
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LA HISTORIA Y SUS PROTAGONISTAS: GRECIA, ROMA Y LA EDAD MEDIA |
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