
COLONIAS DEL MEDITERRÁNEO: Los jonios de Asia no tardaron en pasar a la isla de Chipre y de allí a Egipto, donde representaron papel muy importante bajo el reinado de la XXVII dinastía, y hasta llegaron a fundar allí a Náucrate. En la misma época fundaron los dorios en África la colonia de Cirene (Tripoli). Los focenses llegaron a Galia y fundaron a Marsella, mientras que otros griegos descubrían a España y explotaban allí las riquezas del país de Tarsis, hoy Andalucía.
Todos esos establecimientos facilitaron el comercio de los griegos que no podía hacerse más que por mar. Las colonias explotaban países más ricos que Grecia, y exportaban los productos excedentes. Los vinos y los tejidos de Asia, los metales y ejemplo Ganado de Italia, los trigos de Tracia, los pescados de las islas y los objetos artísticos de oriente, transitaron primero los mares griegos y después todo el Mediterráneo. Los griegos llegaron a ser los rivales afortunados de los fenicios, y el comercio del Mediterráneo se repartió entre las dos razas la griega, en las costas de Europa, y la fenicia, en las de África.
UNIDAD DEL MUNDO GRIEGO:
Todos los griegos, tanto los del continente como los de las colonias, sentían que existía entre ellos un poderoso lazo de parentesco. Si cada uno de ellos tenía apasionado apego a su pequeña patria, sabía que allende las ondas azules había otras poblaciones blancas parecidas a la suya, en las que se hablaba su lengua y donde él no seria un desconocido. Ese sentimiento de la comunidad de raza creó la unidad del mundo griego, y esa unidad halló su forma en la religión. El griego de Sicilia o de Asia era hermano del griego de Atenas o de Esparta, porque todos ellos adoraban los mismos dioses. La expansión colonial, lejos de debilitar ese lazo religioso, lo estrechó cada vez más.
FUNDACIÓN DE UNA COLONIA:
La fundación de una colonia era un acto religioso. El fundador, jefe de los colonos, tomaba con gran ceremonia en el Acrópolis, ciudadela y santuario de su país natal, una parte del fuego sagrado y las imágenes de los dioses protectores. El Sitio escogido para la nueva población comprendía siempre un puerto y una colina, que era el nuevo Acrópolis. En seguida que se efectuaba el desembarco, se instalaban los dioses, se erigía un altar, en el que se disponía el fuego llevado de la patria, y se celebrad un sacrificio. La ciudad quedaba de esta manera fundada. Si no había habitantes, se aceptaban como ciudadanos a todos los griegos que querían sacrificar a los dioses de la ciudad y se declaraban fieles suyos. Los indígenas no estaban comprendidos en este número.
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LA HISTORIA Y SUS PROTAGONISTAS: GRECIA, ROMA Y LA EDAD MEDIA |
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