LOS DIOSES MAGNOS: Los dioses
magnos, objeto del culto público, representaban fenómenos
naturales o ideas abstractas.
Estos eran Júpiter dios del cielo y de la tempestad; Juno, diosa
de la luz y del matrimonio; Minerva, la inteligencia; Vesta, el
fuego sagrado; Marie, la guerra; Neptuno, el mar; Vulcano, el
trabajo de los metales; Jano; la labranza; Saturno, las
siembras; Ceres, las cosechas; Líber, la viña; Venus, los
jardines; Diana, la caza; Mercurio, el comercio, y Orco, la
muerte.
A esta lista deben añadirse los genios, divinidades protectoras de los hombres y de las cosas. Los más conocidos eran los genios del campo: faunos, silvanos, ninfas y camenas. Estas últimas eran las que explicaban los ruidos de la naturaleza, confundiéndose con las musas de los griegos.
Además, existía el culto de los héroes tales como Quirino y
Hércules; y por último, el culto de las virtudes y de las
fuerzas morales divinizadas: la Paz, la Victoria, la Buena fe,
la Piedad y la Fortuna.
Roma estaba bajo la protección particular de una trinidad
compuesta de Júpiter, Juno y Minerva, cuyo templo común era la
cima del Capitolino.
DIOSES FAMILIARES: Los romanos
tenían, además de los dioses magnos, una infinidad de dioses
familiares que no conocieron los otros pueblos antiguos.
Las edades del hombre, los actos de la vida, las diferentes
partes de la casa, los ganados, las cosechas, todo estaba
protegido por un genio particular que tenía derecho a un culto.
Diéspiter daba la vida al niño; Fata era la diosa de su dicha; Educa y Potina lo enseñaban a comer y a beber; Iterduca y Domiduca, a ir y venir fuera de la casa; Farino le destrababa la lengua y Mens despertaba su inteligencia. Existían dioses del matrimonio, de los negocios, de la política y de la muerte. También había dioses de la agricultura Proserpina, que hacía germinar Las plantas: Flora, la flor de las mieses; Rubigo, el añublo del trigo; Pomona, diosa de los verjeles, y Palas y Bubona, diosas del ganado lanar y vacuno.
El viajero veneraba los dioses de las cuestas y de las
hondonadas, y al entrar en su casa, adoraba al dios umbral, al
dios puerta, al dios bóveda y aun al dios gozne. Había ciento
sesenta deidades de esta laya en la colección de las
invocaciones, antiguo libro de los pontífices. Todas tenían un
nombre, una fórmula de invocación y sacrificios particulares.
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LA HISTORIA Y SUS PROTAGONISTAS: GRECIA, ROMA Y LA EDAD MEDIA |
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