LA CRUZADA POPULAR: Apenas si los condes y los caballeros habían comenzado sus preparativos, dice además Guiberto Nogent, cuando ya los pobres hacían los suyos con tal ardor que nada podía contener. Cada cual abandonaba su casa, su viña y su patrimonio, vendiéndolo todo a bajo precio, apresurándose a convertir en dinero lo que no podía llevar en su viaje.
Muchos pobres herraban sus bueyes como caballos, y los enganchaban a carros y carretas en los que ponían algunos víveres y hacían subir a sus mujeres y sus hijos. Apenas habían transcurrido tres meses después de la predicación de Urbano II en Clermont, cuando una horda de cuarenta o cincuenta mil personas de todas edades y de todos sexos se ponía en camino bajo la dirección de Pedro él Ermitaña y de un pobre caballero llamado Gualterio sin Haber.
Esa muchedumbre pasó el Rin para unirse a una horda completamente semejante de peregrinos alemanes. Malos recuerdos dejaban en los pueblos por donde pasaban — húngaros, búlgaros y griegos — cometiendo robos para vivir, y cuando aquellos pobres, que desde su partida preguntaban en cada ciudad si aquella era Jerusalén, llegaron a Constantinopla, el emperador se apresuró a hacerlos transportar a la costa Asia, y allí, en las inmediaciones de Nicea, fueron casi inmediatamente exterminados por los turcos.
CRUZADA SEÑORIAL: Mientras ocurría ese lamentable episodio, se organizaba el ejército de los cruzados. La marcha la habla fijado el, papa para el 15 de agosto de 1096. El papa había dispuesto igualmente el itinerario de los cuatro cuerpos de ejército cristiano su concentración debía efectuarse bajo los muros de Constantinopla.
Los franceses del mediodía, conducidos por el conde Raimundo de Tolosa, pasarán por el norte de Italia, por Dalmacia, Croacia, Serbia y Bulgaria.
Los alemanes y los franceses del norte, conducidos por Godofredo de Bullón y Balduino de Flandes, atravesaron Alemania y Hungría.
Los normandos de Italia, capitaneados por Tancredo y Bohemundo, se embarcaron en Bríndisi y atravesaron Albania y Macedonia.
Los franceses de la Isla de Francia llegaron a Italia y siguieron el mismo itinerario que los normandos.
Ningún rey tomaba parte en la expedición: el de Francia y el
emperador Enrique IV estaban excomulgados. El papa, jefe supremo
de la cruzada, había delegado sus poderes en el obispo de Puy,
Adhemar de Monteil, y lo envió como legado.
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LA HISTORIA Y SUS PROTAGONISTAS: GRECIA, ROMA Y LA EDAD MEDIA |
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