<< No existe recreo ni alegría en este mundo mayor que el ser hombre de armas y guerrear, dice Aimerigot Marches, y un salteador que se retira lo lamenta después. ¡Cómo gozamos cuando cabalgamos a la ventura y podemos toparnos por los campos con un rico abad, con un comerciante o con una caravana de mulas cargadas de paño, de pieles de especias o de telas de seda! ¡Todo es nuestro o se rescata a nuestro antojo! Todos los días tenemos dineros nuevos.
Los villanos de Auvernia y del lemosín nos abastecen en abundancia y nos traen graciosamente trigo, harina, pan cocido, avena, paja para los caballos, buenos vinos, bueyes, ovejas, carneros cebados y toda clase de aves y caza. Estamos vestidos como reyes, y cuando cabalgamos, todo el país tiembla ante nosotros. ¡A fe mía, no hay mejor vida que esta! >>
Aimerigot Marches no habla de las sevicias con que trataban a los prisioneros, o los que llevaban atraillados detrás de los caballos, que azotaban, atenaceaban, quemaban, metían en sacos y aplastaban poniéndoles en cima objetos pesadísimos cuando no podían pagar el rescate o no querían indicar donde guardaban su dinero.
Una de las distracciones favoritas era romperles los
dientes con una piedra, y uno a uno a los campesinos, o cortar
a los prisioneros los pies y las manos. El terror que causaban
era tal, que los lugareños en Picardía, llegaron abandonar los
pueblos para vivir en subterráneos en el riñón de los bosques;
en las orillas del Loira, cada vecino, al caer la tarde se
embarcaba en una balsa con su ganado y pasaba la noche en medio
del río. Sólo en la región de Auxerre y de Tonnerre Tos
bandoleros poseían más de cincuenta fortalezas. Ni una sola
comarca de Francia pudo librarse de aquella plaga.
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LA HISTORIA Y SUS PROTAGONISTAS: GRECIA, ROMA Y LA EDAD MEDIA |
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