Su mente, siempre despierta, no
le permitía momentos de vagar. Había aprendido en latín, que
hablaba con tanta facilidad corno su lengua materna; el griego,
que comprendía, y había estudiado el cálculo y la astronomía.
En la cabecera de su cama tenía tablillas y plumas, para anotar sus pensamientos. Si despertaba por la noche, era frecuente que llamara a sus oficiales para trabajar.
Durante la comida hacia
que le leyeran relatos históricos o algunas páginas de los
libros santos; discutía sobre los primeros con sus allegados,
sirviéndose de argumentos propios de un gran político, y
admiraba y recomendaba a todos los consejos contenidos en los
segundos.
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LA HISTORIA Y SUS PROTAGONISTAS: GRECIA, ROMA Y LA EDAD MEDIA |
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