LAS HEREDADES DE CARLOMAGNO: Los soberanos vivían en la Edad Media de sus rentas personales, cual ricos hacendados, y particularmente de lo que producían sus tierras, vino de sus viñedos, trigo de sus eras, animales de sus corrales y establos, y caza de sus bosques.

TIPOS DE VESTIDOS FRANCOS.
La capa, de color castaño, es
larga y amplia, está sujeta en el hombro derecho y recogida en
el brazo izquierdo. La túnica que luce esto figura es roja, está
adornada con una franjo de oro y ceñida en el talle con un
cinto. El pantalón, que es de color violeta, está ceñido bofo La
rodilla con listón de oro, y, en la pierna, con las correas
encargadas de las sandalias.
Como los frutos eran difícilmente transportables, iban a consumirlos al sitio en que se encontraban, pasando de una heredad a otra a medida que las cosechas se agotaban; así el que apenas tuvieran residencia fija. Solamente, en los últimos años de su vida, fue cuando Carlomagno permaneció con más constancia en Aquisgrán, circunstancia a que debió dicha ciudad el haber sido una como capital del imperio. Antes, el emperador iba, como cada cual, de finca en finca, o, como se decía entonces, de villa en villa.
Carlomagno vigilaba con mucha atención la labranza y el cuido de sus haciendas; sobre este punto, hasta hizo personalmente una ordenanza (un capitular), en la que entraba en los más insignificantes pormenores.
Quería que en sus haciendas hubiese siempre de prevención camas, mantas, sábanas almohadas, colchones y manteles, a fin de que no hubiera necesidad de buscarlos en otra parte o de pedirlas prestados.
Entendía que, desde el tocino hasta la harina, incluso las carnes ahumadas o en conserva, la mostaza y la manteca de vaca, todo fuese preparado con extremado aseo, y que « nadie estrujase la uva con los pies para hacer el vino. » Fijaba el número de gallinas y gansos que debía haber en cada granja, o sean cien gallinas y treinta gansos por lo menos.
Daba la lista de las plantas que se
habían de cultivar en sus huertas y jardines, desde los lirios y
las rosas hasta las calabazas, las coles, el ajo, las habas y el
perejil. Ordenaba vender las gallinas y los huevos que hubiere
de sobra. Por último, cada finca rural debía enviarle todos los
años « una cuenta exacta, bien ordenada y bien dividida, a fin
de saber lo gastado y lo que quedaba. » El emperador invitaba a
sus intendentes << a que no llevasen a mal que les pidiese todas
estas cosas, porque quería que sus haciendas prosperaran en
provecho suyo y no en el de los demás. >>
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LA HISTORIA Y SUS PROTAGONISTAS: GRECIA, ROMA Y LA EDAD MEDIA |
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