HISTORIA DE LA EDAD MEDIA

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SAN LUIS: San Luís (1226-1270) es el rey de Francia más popular de la Edad Media. Es también uno de los personajes que conocemos mejor, gracias a lo que nos refiere el señor de Joinville, que fue su compañero de armas y su amigo. Era, dice su biógrafo alto y agraciado, tenía cara de ángel, fisonomía franca y un carácter a la vez afable y serio. En armas, era un soberbio soldado, cuya bravura tranquila provocaba la admiración de cuantos combatían al lado suyo.

San Luis fue un cristiano que se esforzó en observar estrictamente las enseñanzas de Cristo, y en hacer que los actos de su vida política, así como los de su vida privada, concordaran con sus creencias. Se mortificaba como un anacoreta; llevaba cilicio junto a la carne, y el viernes, día de la pasión, hacía que le azotaran las espaldas con cadenillas de hierro. Por humildad, practicaba actos repugnantes, como lavar los pies a los mendigos.

En una abadía próxima de Paris existía un monje lazarino que causaba horror a todo el mundo, pues la lepra le había vaciado los ojos, roído la nariz y comido completamente los labios. El rey visitaba frecuentemente a ese desgraciado, al que llamaba « su enfermo », y no se sentaba jamás a la mesa antes de haberle servido y haber hecho que comiera y debiera.

Durante todo su reinado, San Luis no persiguió otro fin que mantener en su reino el derecho y la justicia, continuar en paz con los príncipes cristianos y combatir a los infieles. Jamás emprendió una guerra de conquista, pero condujo y dirigió dos Cruzadas contra los musulmanes. La primera, en 1248, fue dirigida contra Egipto, la cual fracasó y San Luis, hecho prisionero, estuvo obligado a pagar su rescate. En 1270 emprendió una nueva cruzada, y murió de la peste a vista de los muros de Túnez.

PRESTIGIO DEL TRONO FRANCÉS: La bondad del rey, la inagotable caridad de su corazón traspasado de piedad por los miserables, según palabras de su confesor, su renombre de justiciero, la seducción de sus virtudes y la fama de su santidad, contribuyeron, más que sus actos políticos, a aumentar la autoridad real.

El hombre inspiraba respeto universal. Enrique III estaba orgulloso de ser su vasallo << a causa de su preeminencia en caballería. >> El historiador inglés Mathieu Paris, le llamaba << el rey de los reyes de la Tierra. >> Todos, poderosos y humildes, tenían fe en su equidad, tanto fuera de Francia como dentro de ella. El emperador Federico II y el rey de Inglaterra le tornaban siempre como árbitro en sus disidencias, el uno contra el papa y el otro contra sus barones. << Se veían, dice Joinville, borgoñones y loreneses ir delante de él a defenderse en pleitos que tenían entre ellos. El trono de Francia resplandecía sobre todos los demás, como el Sol difunde sus rayos. >>

    Veintisiete años después de su muerte, en 1297, la iglesia colocaba en la categoría de los santos a ese rey, del que ha dicho Voltaire: <<No es posible que ningún hombre haya llevado más lejos la virtud. >>

 

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