ATENTADO DE ANAGNI: En esa fecha estaba el papa en vísperas de una catástrofe. El legista Nogaret había imaginado acusar a Bonifacio VIII de herejía, de simonía y de toda clase de crímenes imaginarios, entre otros, de tener un diablo por consejero íntimo, de haber hecho asesinar a su predecesor, de haber dicho que prefería mejor ser perro que francés, etc.
En interés de la iglesia pedía, pues, que el papa fuese juzgado por un consejo, y que el rey, por medida de precaución, lo hiciese arrestar. El acta de acusación fue leída públicamente en París. Nogaret de seguida, partió secretamente a Italia, y reunió una batida de aventureros mandada por un Colonna, enemigo mortal del Papa.
Bonifacio VIII se hallaba entonces en Anagni su ciudad natal, donde había ido a pasar el verano. El 7 de septiembre, al despuntar el día, Nogaret penetró en la ciudad. El populacho se unió a los confabulados, que empezaron por saquear las casas de los amigos del Sumo Pontífice. Éste, abandonado de todos, aguardó al enemigo en su palacio, sentado en un trono pontifical, revestido de casulla y tiara, y teniendo las llaves de San Pedro y la cruz en las manos.
A pesar de las injurias de la soldadesca, aquel anciano de ochenta y seis años permaneció impasible. A Sciarra Colonna, que quería matarle, le respondió: << He aquí mi cuello y he aquí mi cabeza. >> A Nogaret, que le intimaba a abdicar, le dijo: << Si tengo que morir, moriré siendo papa. >> Nogaret le declaró que lo arrestaba en virtud de las reglas del derecho público, en defensa de la fe y en interés de nuestra Santa Madre la Iglesia. << Dos días después, el pueblo de Anagni, cambiando repentinamente, se sublevaba a los gritos de; ¡Viva el papa! Muera el extranjero! >> Nogaret se vio en el caso de huir, y el papa, en libertad, entró de nuevo en Roma para morir un mes más tarde casi loco de humillación.
La muerte de Bonifacio daba la victoria a Felipe el Hermoso. El nuevo papa, Benito XI, dulce y pacifico, levantó la excomunión lanzada contra Felipe, pero se negó a absolver a Nogaret. Éste lo hizo envenenar. Felipe logró entonces hacer elegir a Beltrán de Goth, arzobispo de Burdeos, que tomó el nombre de Clemente V y estableció la Santa Sede en Aviñón (1307). Allí estuvo a las órdenes del rey de Francia, cometiendo la cobardía de absolver a Nogaret y declarar que, en todos aquellos asuntos, Felipe no había obrado sino guiado << por un celo bueno y justo. >>
El atentado de Anagni y el establecimiento de los papas en
Aviñón deben colocarse entre los hechos más importantes de la
Edad Media, porque no interesan solamente a Francia, sino a
Europa entera. Merced a ellos quedaron arruinados, a principios
del siglo XIV las ambiciones políticas de los papas y sus sueños
de dominación sobre todos los soberanos y sobre todos los
pueblos. Merced a ellos, quedó asegurada la independencia de los
príncipes y de los estados; pero también desapareció aquel poder
moral, capaz de servir de árbitro y de moderador, y quedó
destruida la única fuerza que era capaz de refrenar las
ambiciones y las violencias.
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LA HISTORIA Y SUS PROTAGONISTAS: GRECIA, ROMA Y LA EDAD MEDIA |
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