LA RECONQUISTA: Mientras duró el gran Califato de Córdoba, los cristianos obtuvieron muy menguados resultados, y hasta los costó trabajo mantenerse en sus montañas. Pero en 1031 se desmembró el califato en numerosos principados, cuyos jefes o caudillos se llamaban amires o emires. Los más poderosos fueron los de Toledo, Sevilla, Córdoba y Zaragoza.
La rivalidad entre los emires era tan incesante y enconada, que atendían más a combate que a continuar la guerra santa contra los cristianos. Más aun, hubo vez en que solicitaron alianza a un rey cristiano contra un rival musulmán: así se explica que Alfonso VI, el conquistador de Toledo, tuviera por aliado al emir de Sevilla, con cuya hija se había casado. Las discordias de los musulmanes fueron, pues, la causa principal de su ruina.
Por otra parte, en los estados musulmanes existía una importante población cristiana, personas que se llamaban mozárabes, porque a pesar de conservar su religión, habían adoptado las costumbres y vestidos de los árabes. Consiguientemente, los mozárabes fueron para los conquistadores cristianos aliados naturales, sobre todo cuando la España musulmana tuvo que soportar la coyunda de los fanáticos almorávides y almohades, implacables perseguidores de los cristianos.
Por último, en la lucha contra los musulmanes, los españoles no
fueron nunca los exclusivos combatientes, puesto que, a decir
verdad, las Cruzadas de oriente y las guerras de España, no eran
más que una incesante Cruzada. Numerosos caballeros de todos los
países, y especialmente de Francia, fueron a España para
combatir por la fe y en busca de aventuras. Con auxilio de los
señores del mediodía de Francia, Alfonso I de Aragón consiguió
tomar a Zaragoza. Un barón francés, Enrique de Borgoña, fue el
primer soberano de Portugal, como hemos dicho anteriormente.
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LA HISTORIA Y SUS PROTAGONISTAS: GRECIA, ROMA Y LA EDAD MEDIA |
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